16/09/2026
Aunque parezca un problema lejano para el transporte por carretera, la crisis de seguridad en el Mar Rojo lleva más de dos años alterando los tiempos y costes de toda la cadena logística internacional, incluida la parte terrestre. La inestabilidad en la zona ha obligado a numerosas navieras a desviar sus buques por el Cabo de Buena Esperanza en lugar de cruzar el Canal de Suez, lo que añade cerca de 6.000 millas náuticas y entre 10 y 14 días de tránsito adicional por viaje.
Marzo de 2026 marcó un punto especialmente crítico, con dos de las rutas marítimas más importantes del mundo afectadas de forma simultánea, lo que disparó la presión sobre costes, plazos y disponibilidad de espacio en los buques. Las navieras han trasladado ese sobrecoste a través de recargos por combustible, primas de seguro por riesgo de guerra y tarifas de flete al alza.
Para las empresas de transporte terrestre, el efecto se nota sobre todo en la planificación: mercancía que llega tarde a puerto obliga a reorganizar recogidas y entregas, y la incertidumbre sobre cuándo se normalizará el tránsito por Suez —las autoridades egipcias apuntan a finales de 2026— sigue complicando la previsión a medio plazo.